En el Madrid actual, la abogada penalista Andrea Mendoza reparte su tiempo entre las vicisitudes de sus clientes en los juzgados y los trámites de la sucesión de su abuela paterna, recientemente fallecida. La herencia comprende un hotel y un edificio en la calle Claudio Coello de la capital, un caserón y fincas rústicas en varios pueblos de la provincia.
Un luctuoso acontecimiento viene a perturbar su existencia: la aparición de los cadáveres de los guardeses en una de las fincas rústicas de la herencia, Los Leones, acribillados a balazos. Conoce el suceso mediante una llamada telefónica de su prima Val, quien le ruega que se interese por los muertos. Acude al Juzgado y más tarde al cuartel de la Guardia Civil, donde logra leer las diligencias que han instruido en relación con los asesinatos: no ha habido forzamiento de la puerta de entrada. ¿Abrieron los guardeses al asesino?
La Guardia Civil detiene a un indigente como sospechoso de los asesinatos, pero la abogada, convencida de que no es el autor, decide hacerse cargo de su defensa. En una visita a prisión descubre que unos meses atrás encontraron los cuerpos destrozados de tres muchachas en otra de las fincas de la familia, hecho que ella desconocía. ¿Por qué sus tíos se lo habían ocultado? ¿Era mera casualidad o existía relación entre ambos crímenes múltiples?