
Un retrato mordaz de la España escolar franquista que nos enseña a reír del pasado para no repetirlo.
«Partiendo de los libros de texto de la época y de sus inefables ilustraciones, Andrés Sopeña evoca, con una gracia y un humor irresistibles, la escuela cotidiana, la radio local, los tebeos de Roberto Alcázar, el cine de los jueves con Franco inaugurando pantanos y Yon Güein matando indios… Todo aquello, en suma, que nos hizo “diferentes” y de lo que deberíamos aprender a librarnos, si aspiramos a ser “normales”. Para lo cual bueno es comenzar
riéndonos de ellos.»
Hoy, treinta y dos años después de la primera edición de esta obra, convertida ya en un clásico, aquel gran tinglado de vaciedad e ignorancia recogido en sus páginas, aquella retórica imperialista y patriotera, aquella mendaz reescritura de la historia y aquel delirante nacionalcatolicismo que contribuyeron a forjar una falsa identidad personal y colectiva que manifiestan cada día y de mil maneras distintas, su voluntad de regresar y adueñarse de nuestras almas y de nuestra convivencia hasta lograr convertir la piel de toro en un inmenso redil…
Que treinta y dos años no es nada, ciertamente.
Cita 'Chicago'
Sopeña Monsalve, Andrés. El florido pensil. Memoria de la escuela nacionalcatólica. Barcelona: Crítica, 2026.
Cita 'APA'
Sopeña Monsalve, Andrés (2026). El florido pensil. Memoria de la escuela nacionalcatólica. Crítica.
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