Informe 2008. Amnistía Internacional. El Estado de los Derechos Humanos en el Mundo

Informe 2008. Amnistía Internacional. El Estado de los Derechos Humanos en el Mundo. 9788496462205
  • Editorial: Aguilar
  • ISBN: 9788496462205
  • Páginas: 446
  • Plaza de edición: Madrid
  • Fecha de la edición: 2008
  • Edición: 1
  • Volúmen: 1
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Informe 2008. Amnistía Internacional. El Estado de los Derechos Humanos en el Mundo

  • Amnistía Internacional.
  • Papel

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    Resumen del libro

    Los líderes mundiales deben una disculpa por no haber atendido la promesa de justicia e igualdad recogida en la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH), adoptada hace 60 años. En los últimos seis decenios, muchos gobiernos han mostrado más interés en ejercer el abuso de poder o en perseguir el provecho político personal que en respetar los derechos de las personas a quienes gobiernan. Con ello no se pretende negar los avances que han tenido lugar en la creación de normas, sistemas e instituciones de derechos humanos en el ámbito internacional, regional y nacional. Se ha avanzado mucho en numerosas partes del mundo gracias a esas normas y principios. El número de países que brindan protección constitucional y jurídica a los derechos humanos es mayor que nunca. Sólo unos pocos se han negado tajantemente a que la comunidad internacional ejerza el derecho a inspeccionar su historial de derechos humanos. El 2007 ha sido el primer año de pleno funcionamiento del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, a través del cual todos los Estados miembros de la organización han aceptado un debate público sobre su actuación en materia de derechos humanos. Y, a pesar de todo, el hecho cierto es que la injusticia, la desigualdad y la impunidad siguen siendo hoy día rasgos distintivos de nuestro mundo. En un gesto de extraordinario liderazgo, los máximos dirigentes del mundo se pusieron de acuerdo para adoptar la DUDH en 1948. Los Estados miembros de la incipiente ONU demostraron gran valentía y capacidad de previsión depositando su fe en valores universales. Fueron plenamente conscientes de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, y de la dura realidad de la Guerra Fría que se avecinaba. Su visión no estuvo condicionada por lo que ocurría en Europa únicamente: 1948 fue también el año en que Birmania obtuvo su independencia, Mahatma Gandhi fue asesinado y se aprobaron leyes sobre el apartheid en Sudáfrica por primera vez. Extensas zonas del mundo estaban aún sometidas al yugo de la colonización. Los encargados de redactar la DUDH actuaron movidos por el convencimiento de que sólo un sistema multilateral de valores universales, basado en la igualdad, la justicia y el Estado de derecho, podría hacer frente a los futuros retos. En un verdadero ejercicio de liderazgo, se resistieron a las presiones de las esferas políticas en liza. Rechazaron cualquier tipo de orden jerárquico entre el derecho a la libertad de expresión y el derecho a la educación, el derecho a no sufrir tortura y el derecho a la seguridad social, y reconocieron que la universalidad de los derechos humanos –todos los seres humanos nacen libres e iguales– y su indivisibilidad –ya sean económicos, sociales, civiles, políticos o culturales, todos los derechos se deben satisfacer con idéntico compromiso– son la base de nuestra seguridad colectiva y de nuestra humanidad común. Con el paso de los años, aquel liderazgo visionario dio paso a estrechos intereses políticos. Los derechos humanos se convirtieron en un juego disgregador cuando las dos “superpotencias” se enzarzaron en una batalla ideológica y geopolítica destinada a establecer su supremacía. Mientras un bando negaba los derechos civiles y políticos, el otro relegaba los derechos económicos y sociales. Los derechos humanos se utilizaron como instrumento para otros fines estratégicos y no para promover la dignidad y el bienestar de las personas. Los países recién independizados, atrapados en la competición entre las superpotencias, bien lucharon por alcanzar la democracia y el Estado de derecho, bien abandonaron estos objetivos por completo, trocándolos por diversas formas de autoritarismo. La esperanza en los derechos humanos afloró con el final de la Guerra Fría, pero se truncó con el estallido de los conflictos étnicos y la desintegración de algunos Estados, que dieron paso a una sucesión de emergencias humanitarias caracterizadas por abusos despiadados y generalizados contra los derechos humanos. Mientras, en muchas partes del mundo imperaban la corrupción, la precariedad de gobierno y la impunidad generalizada por las violaciones de derechos humanos. A la entrada del siglo XXI, los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 transformaron una vez más el debate sobre los derechos humanos en una discusión divisiva y destructiva entre “occidentales” y “no occidentales”, que restringió libertades y alimentó las sospechas, el temor, la discriminación y los prejuicios entre gobiernos y personas por igual. Las fuerzas de la globalización económica trajeron nuevas promesas, pero también nuevos retos. Aunque los líderes mundiales afirmaron su compromiso con la erradicación de la pobreza, en su mayoría hicieron caso omiso de los abusos contra los derechos humanos que engendran pobreza y la agravan. La DUDH seguía siendo una promesa sobre el papel...