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Día de la Salud Mental

10 de Octubre de 2022

Día de la Salud Mental

por Inés Martínez García

La celebración del Día Mundial de la Salud Mental es una iniciativa de la Federación Mundial de la Salud Mental (WFMH, en sus siglas en inglés) que se celebra en más de 100 países. El objetivo que persigue, es el de recordar que la salud de cada individuo es la sólida base para la construcción de vidas plenas y satisfactorias.  

Hoy en día se tacha a los jóvenes de tener la piel fina, comparándolos con los mayores que padecieron hambrunas y guerras. Este es uno de los mayores fallos que estamos permitiendo y legitimando, pues a cada revolución y evolución marca a la sociedad en general y al individuo en particular y físicamente. 

 

No es necesario acusar al otro de lo «débil» que se ve, sino acercar la mano y adoptar una postura abierta a la comunicación. No es necesario hacer hincapié en que las personas de antaño eran más fuertes, pues bien sabemos que no tenían otro remedio que fingir, e incluso actuar con violencia continua para sobrevivirse. La sociedad está cambiando y con el cambio y las mejoras digitales se encuentra más expuesta que nunca a los males que durante siglos, en silencio, han aquejado a millones de personas. 

 

Ahora, en plena ruptura de este silencio, es momento de informarnos acerca de los cuidados necesarios que debemos proporcionar a nuestros seres queridos y mantenernos con la mente abierta y de forma consciente a todo el dolor, el miedo y la incertidumbre que las personas padecen de trastornos y enfermedades mentales. 

 

Las psicólogas Beatriz Fernández-Simal Fraga, Irene Tello Rodríguez y María Fernández Tigeras nos presentan los tres siguientes casos de esquizofrenia con motivo de este día: 

 

  • Alucinaciones, delirios, conductas extravagantes, agitación.
  • Falta de motivación, tristeza, retraimiento social, pérdida del disfrute de actividades.
  • Problemas de memoria, falta de atención, problemas en la toma de decisiones. 

¿Tres trastornos mentales diferentes? ¡No! 

Todos ellos forman parte del conjunto de síntomas de la esquizofrenia. Síntomas positivos, negativos y cognitivos pueden acompañar el día a día de personas con esta enfermedad mental grave y dar lugar a diferentes perfiles y características. 

 

Pablo, el vago de la clase

A la madre de Pablo le llamaron un día del instituto para decirle que le veían cada día más distraído, que no prestaba ninguna atención en clase y que parecía estar siempre adormilado. Cuando le preguntaban no recordaba nada de lo que le acababan de explicar. Pablo comenzó a bajar su rendimiento escolar y su madre le castigaba frecuentemente por estos resultados. Había dejado de salir con sus amigos, y pasaba las tardes en casa, aislado, y sin querer hablar con nadie. “Este niño está deprimido” pensaba su madre, “este tío es un rarito”, pensaban en su clase. 

 

Después de varias semanas, intentaron que Pablo acudiera a un médico y allí fue cuando contó que tenía miedo, que le estaban leyendo el pensamiento y que por eso se aislaba del mundo. 

 

Cristina, siempre quiere llamar la atención

Las amigas de Cristina siempre han percibido en ella un comportamiento extravagante: le gusta ser el centro de atención cuando están todas reunidas. Cuando tienen celebraciones con otros amigos de diferentes universidades, Cristina cuenta que muchos de ellos sienten admiración por ella. Esto le provocaba distanciamiento entre sus amigas y empezó a dejar de quedar con ellas. Empezó a estar enfadada y a la defensiva, tanto con ellas como con sus familiares; no quería que su novio pensara que le estaba engañando y, preocupada por ello, le costaba conciliar el sueño. 

 

Hace unas semanas, en una situación similar con más gente, empezaron a percibir que Cristina no paraba de hablar y nadie entendía lo que estaba diciendo. Cuando la miraban, ella describía, muy seria, las razones por las que enamoraba a los chicos. Le hacían preguntas y no contestaba a lo que le preguntaban. 

 

A partir de ese momento, sus amigas empezaron a preocuparse. No habían ingerido ninguna copa de alcohol y percibían que a Cristina le estaba ocurriendo algo. Hablaron con sus padres, quienes tomaron el control de la situación, y tiempo después consiguieron que fuera al médico a hacerse una exploración y empezar el tratamiento pertinente. 

 

Martín, estudias o trabajas

Martín siempre fue un chico tímido, poco sociable. Pero cuando cumplió 17 años estos rasgos comenzaron a acentuarse. Dejó de relacionarse y salir con sus amigos, empezó a perder el interés por todo. A partir de este momento, comenzaron las diferencias en casa  “¿Pero cuánto tiempo llevas ahí tirado en el sofá?”, “vas de la cama al sofá y del sofá a la cama, ¿y sin ducharse? ¿Pero qué te pasa?”.

 

Cuando Martín cumplió 20 estaba muy confundido, desconfiaba de todo el mundo, tenía la sensación de que la gente hablaba de él y comenzó a ver en los carteles publicitarios conspiraciones contra él. A partir de ese momento su conducta cambió. No podía pasar por ningún lugar que tuviera carteles publicitarios, cámaras de seguridad, ni calles muy transitadas; el simple murmullo de la gente le inquietaba: “están hablando de mí”, pensaba. Esto, en su día a día, implicaba no poder coger el metro, no poder ir a la universidad, ni tan siquiera salir a la calle. En casa la situación comenzó a ser insostenible, sus padres le hicieron la primera advertencia: “si no quieres estudiar, no estudies, pero ya puedes buscarte un trabajo. Nada de estar aquí, sin hacer nada”. 

 

Esa última discusión con sus  padres le hizo salir de casa y comenzar a andar sin rumbo, “sentía una fuerte presión en la cabeza, escuchaba un ruido continúo que no podía me podía sacar de dentro, era un ruido como cuando no logras sintonizar la emisoras de radio, ese ruido era cada vez más fuerte”. Martín comenzó a caminar cada vez más rápido y cruzó la calle, con tan mala suerte, o buena según se mire, que sufrió un atropello. El accidente fue leve, pero fue lo que llevó a Martín hasta la puerta de urgencias, donde contó lo ocurrido. A partir de ese momento, entendió lo que le estaba pasando, y no solo Martín, también sus padres: “todos afrontamos y entendimos lo que era la esquizofrenia” 



Es importante y necesario educar en qué es la salud mental para que nadie sienta miedo ni vergüenza a la hora de hablar de cualquier patología psíquica. Hacen falta a día de hoy , programas psicoeducativos y preventivos para acercar esta salud a todos los grupos de edad y terminar con el estigma. 

 

No hay salud sin salud mental.