¿Límites éticos en la asunción de casos por parte del abogado penalista? Sobre qué y a quién en los Estados democráticos antes y después del 11 de septiembre de 2001
Comprar en formato electrónico:
El homenajeado ha conocido en su rica y dilatada experiencia profesional sobradamente —y lo que es peor: en sus propias carnes—, el grave problema de la identificación del Letrado con su cliente, como subliminal forma de coartar la independencia y libertad del abogado. Y es que, en efecto, como una forma de presión más —muy habitual, especialmente, en casos con amplia repercusión mediática—, suele arrojarse públicamente la sospecha de que el defensor y el defendido constituyen una misma realidad material, intentando con ello la desestabilización del primero, o, en su caso, el abandono del asunto penal que tiene encomendado…
índice:
I. Planteamiento del problema.— II. Primer pilar para la solución: función y rango constitucional del abogado penalista.— III. Otros dos pilares para nuestra respuesta: la independencia y la libertad del abogado.— IV. Un último pilar; la incómoda posición del abogado penalista: del «no mi cliente, sino el infortunio» al «no mi cliente, sino la sociedad».— V. Conclusión, y dos casos particulares: el de los terroristas y el del confeso.
Número de descargas: 0